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Saturday, August 06, 2005

El desastre del bosque de Teutoburg. PARTE II: La batalla

LA BATALLA



Guiados por los "aliados" bárbaros los romanos siguieron avanzando hacia su destino final. En un punto de la marcha Arminius solicito permiso a Varus para explorar junto a sus queruscos el terreno por delante, para prevenir cualquier contraste y para traer a los aliados en camino.

Esta vez Varus cometió uno de sus últimos errores y dejo ir al líder germano quién junto a sus hombres se adentro entre los árboles. Sin que ellos lo sepan, la sombra de la muerte planeaba sobre las legiones de Roma.

Pocas dudas caben según los objetos encontrados en la zona cercana a la colina de Klakriese, en lo que se conoce como el bosque de Teutoburg, que los expedicionarios imperiales fueron completamente rodeados y sorprendidos.

Esto se deduce de la manera en que se encontraron los restos en el campo de batalla; empuñaduras de espada, broches de capas, proyectiles diversos, una buena cantidad de monedas con el sello VAR, ( evidentemente usadas para pagar los salarios de las tropas de Varus) y una interesante cantidad de artefactos de uso civil, todos concentrados en un área particularmente delimitada.

Sin embargo si se tiene en cuenta que la expedición romana tenía no menos de 20 mil individuos, presumimos que los atacantes debían tener por lo menos una cantidad similar. Ahora, si se tiene en cuenta que Roma tenía el mejor ejército de la época, que estaba muy bien armado y que tenían oficiales veteranos, no podemos descartar que los atacantes tuvieran una masa de guerreros muy superior en número.


El ataque se inició con un inmenso rugido salido del bosque, seguido de un violento combate donde las jabalinas romanas intentaban con dificultad alcanzar a los bárbaros, quienes aconsejados por Arminius debían tener jabalinas diseñadas para neutralizar los escudos romanos. Los proyectiles, saetas, flechas y otras armas arrojadizas volaron entre los ejércitos hasta que con un grito de guerra, los hombres chocaron.

Sin embargo una lluvia de grandes proporciones se desato en los momentos previos a la batalla. Este hecho en apariencia poco significativo, concluyó obstaculizando el movimiento de la columna imperial al empantanar el terreno y evitar el avance de los carromatos, impedidos de avanzar en el lodazal. La visibilidad de los arqueros y los movimientos de la caballería también se vieron afectados.



El choque fue feróz, entre el clamor de miles de hombres, se escuchaban los gritos de ordenes en el rudo latín de los centuriones, tribunos, y legionarios. A ellos contestaban los ordenes en el recio idioma germano, todos entremezclados con el bramido de las cornetas, los aullidos de horror y pedidos de clemencia de los acuchillados, el choque de las espadas romanas y las hachas de guerra alemanas, los relinchos, los ayes de las mujeres raptadas por los atacantes, y el espeluznante grito de terror de los mutilados

Finalmente, con un esfuerzo supremo si debemos creer en las relaciones romanas tomadas de los sobrevivientes, los romanos rechazaron el primer asalto alemán, e intentaron unirse para mostrar un núcleo lo más sólido posible y trataron atontados, shockeados y ensangrentados organizar la defensa.

Es evidente también que el ataque a los carros civiles, transtornó la columna imperial, ya que muchas de esas mujeres y niños, eran familia de los legionarios que luchaban, y serían la semilla de la provincia de Germania Magna. El desorden, y la angustia se sumaron al desbarajuste ocasionado por la poca visibilidad en medio del chubasco, la imposibilidad de adoptar el orden de batalla cerrado por la dificultad del terreno empantanado y lleno de arboles y la estupefacción ocasionada por una fuerza del ataque germano.


A la mañana siguiente Varus y sus oficiales ordenaron quemar todo el bagaje superfluo mientras veían como sus enemigos se reagrupaban para el ataque final. La disposición era abandonar el campo de batalla, sembrado de vísceras, miembros humanos y cadáveres. Quizás si alcanzaban el fuerte Alisum, o por lo menos salían a campo abierto, las legiones tendrían una mejor oportunidad ante el asedio germano.

El enigma obvio en este punto es como es posible que la fuerza legionaria, la mejor del mundo, fuese tan duramente golpeada, y que se resquebrajara como fuerza organizada ante el ataque bárbaro, cuando estos guerreros estaban mucho menos equipados defensivamente, y no poseían un equipo de guerra equiparable .

La respuesta parece ir mucho más allá de la sorpresa, los proyectiles con camiseta metálica, lo difícil de la geografía o la imprudente desorganización de la marcha. El valor y el salvaje arrojo de los germanos guiados por una mano competente como la de Arminius, que como ex legionario sabía donde y como golpear, pueden aclarar este punto.

Pero la explicación definitiva pude encontrarse en el hecho de que por primera vez en la historia un grupo de tribus reunidas bajo el comando de un líder audaz, estaba sembrando casi sin querer la semilla de la nación alemana, era un ya un pueblo unido, "ein volk" decidido a defender su libertad.

La prioridad de Varus y sus centuriones era entonces encontrar un terreno donde desplegar a los manipulos de manera correcta y proseguir la marcha.Sin embargo se logró un avance muy pobre. Rodeados por todas partes y sometidos a un ataque incesante, los romanos tuvieron que repetir por segunda vez la pesadilla insomne de la noche anterior.

"El siguiente día
(el tercero) avanzaron en un orden un poco mejor, llegando a alcanzar campo abierto no sin sufrir perdidas . Al salir de ese sector se introdujeron nuevamente en el bosque, donde se defendían de sus atacantes sufriendo grandes bajas. Desde que tuvieron que formar sus líneas en espacios estrechos, en un orden en el que la caballería y la infantería juntas intentaban detener al enemigo, chocaban frecuentemente unos contra otros y contra los arboles" Cassius Dio Roman History 56:18-24

Después de este nuevo pero breve intento de avance, las tropas imperiales se vieron en la necesidad de preparar un terreno fortificado donde guarnecerse de los asaltos germanos y preparar una contra ofensiva que rompiera el cerco enemigo. Los legionarios se hicieron fuertes
tras sus improvisadas defensas y soportaron los ataques.

Esa noche entre los gritos habituales de los atormentados entre los que no deben haber faltado los desgarradores alaridos de los quemados vivos, ( viejo y conocido tratamiento germano contra sus enemigos ) los romanos deben haber llegado a la convicción de que si al día siguiente no se abrían paso, ni uno sólo de ellos saldría vivo de ese de ese enloquecedor y lugubre bosque.

Sin embargo los legionarios ya habían llegado al límite de sus fuerzas; después de 3 agotadores días de combate llenos de sangre, terror y muerte, y tres noches de haber dormido poco mal o nada, la desesperación comenzó a apoderarse de estas tropas que habían mostrando largamente prodigios de valor, pero no había sido suficiente.



En el stress de la batalla se deben haber dado cuenta por la incesante llegada de enemigos, que esta vez luchaban contra toda la nación sublevada. Los germanos así como harían luego con la cabeza de Varus, muy probablemente habrían enviado a las tribus indecisas toda clase de trofeos y miembros mutilados, instándolos a que se unan a la aniquilación de sus rivales.

El cuarto día, un encapotado cielo gris pareció ser un triste presagio de lo que sucedería. Un lluvia constante y feroz, acompañada de lo que parecen ser una racha de vientos casi huracanados se abatieron sobre el ensangrentado campo de batalla.

La hora decisiva había llegado.

LA CAIDA DEL AGUILA


Al cuarto día de combate, Varus y sus oficiales decidieron retomar la iniciativa mediante una embestida, que rompería el anillo alemán y les permitiría salvarse. Según las evidencias encontradas en el campo de batalla, muchos soldados antes del asalto decidieron enterrar su salario y otros bienes, en lugares donde después pudieran recuperarlos. Los recuperarían los arqueólogos casi dos mil años después.

Esto prueba que muchas de estos romanos ya estaban en el límite de su resistencia, y por primera vez en muchos años, dudaban de la victoria. Se pusieron en marcha en medio de la lluvia con las pocas armas arrojadizas que les quedaban, avanzando lentamente en medio del terreno mojado y con las corazas y armas defensivas empapadas y pesando mucho más que lo normal, debido a que muchas de ellas se fabricaban en cuero forrado de algodón.

Atrás en el campo fortificado, quedaron los heridos más graves, los civiles y algunos hombres para cuidarlos hasta que pudieran venir por ellos. Al llegar a la colina de Kalkriese las legiones optaron por subir la colina, según se dice porque los bárbaros habían derribado gran cantidad de arboles y habían construido una empalizada llena de obstáculos en el camino, que seguramente dividiría más la formación.

Desde la cima comenzaron a caer rocas y jabalinas, pero los romanos avanzaban orgullosos, muriendo en el intento. Arminius rápidamente reunió todos los hombres disponibles y los envió a reforzar las sucesivas posiciones germanas que comenzaron a ceder pero no se quebraban y devolvían golpe por golpe.

Entre los rugidos de guerra romanos o barritus , los pedidos de clemencia desgarradores, los alaridos de dolor, los relinchos de los caballos, los gemidos de los mutilados, las vociferantes embestidas de gigantes bàrbaros rubios con el rostro pintado de rojo que repartían hachazos y tajos de espada , en medio de ese espanto, los ejércitos encontraron un punto donde nadie quería retroceder, porque sabían que el derrotado no sobreviviría.

Las legiones ya totalmente agotadas, diezmadas y acometidas sin pausa, perecían de pie en un gran charco de sangre que se retorcia adolorido y aullante. Los lideres alemanes se dieron cuenta que todo el ejército imperial se tambaleaba y lanzaron un contraataque demoledor.


Las aguilas de los legiones XVIII y XIX, el símbolo mismo del poder militar del pueblo romano, los estandartes de su ejército, fueron capturados después de dar una muerte brutal a los portadores o aquilifers . El aguila de la legio XVII desapareció de la historia, algunos dicen que fue también capturada, otros que su portador en el colmo de la pena y el orgullo se arrojó a uno de los pantanos para hundirse con esta.

El fin había llegado

DIE VARUSSLACHT
( la derrota de Varus )



A esas alturas Varus se dio perfectamente cuenta de las trágicas consecuencias de su obstinación, y de lo que le pasaría si era capturado. Algunas fuentes dicen que le pidió a su esclavo que lo matara. Otra dice que puso su espada contra el piso y se dejo caer sobre ella.

En todo caso llega a nosotros la dramática resolución de un hombre totalmente deprimido y en el borde de la locura y desesperación. Su suicidio no fue el único, muchos de sus oficiales se abrieron las gargantas o los pechos con sus propias espadas, como correspondía a lo que los legionarios consideraban una muerte con honor, es decir morir con sus hombres antes que entregarse prisioneros.

Sin embargo dentro de ese ambiente frenético muchos romanos a diferencia de algunos de sus jefes y soldados, intentaron huir. El comandante de la caballería Vala Numonio entró en panico, y abandonó el campo de batalla con algunos hombres, sin embargo fueron alcanzados, acorralados, y destrozados:

"Vala Numonio dio un grave ejemplo de cobardía al abandonar a la infantería y huir tratando de alcanzar el Rhin con sus escuadrones de caballería. Sin embargo la fortuna vengó este acto, porque no sobrevivió a aquellos a quienes había abandonado, muriendo en pleno acto de deserción”. ( Velleius Paterculus, Roman History 2.119.4 )

El centurión Ceionius por su parte, esperaba con sus heridos y guardias dentro de la fortificación el desarrollo del combate. Un atardecer con el horizonte teñido de fuego fue marco de la destrucción de su tropa. Totalmente superado por el furioso contraataque germano, y con muchas brechas por las que entraba el enemigo, decidió finalmente rendirse para evitar el degollamiento de los legionarios a su mando.

Tenemos sin embargo claras referencias que la rendición no fue aceptada y los romanos fueron masacrados de manera atroz. A un prisionero le cortaron la lengua al grito de “Ahora serpiente dejaras de sisear”, otros según Tacitus que citaba a Plinio "el viejo", comandante que años después pudo conversar directamente con algunos sobrevivientes, nos habla acerca de quemados vivos ofrecidos a los dioses en altares de victoria; a otros los crucificaron, y no faltaron las extracciones de ojos.

Caldo Celio se hizo pedazos el cráneo con las mismas cadenas con las que había sido maniatado después de ver el impresionante suplicio de sus compañeros, otros fueron mutilados o decapitados y sus cabezas sirvieron de trofeos.

Varias horas después, probablemente asqueados por su propia crueldad, por la necesidad de esclavos que fueran testimonio vivo de la derrota de las hasta entonces invencibles legiones, o simplemente agotados después de muchos días de lucha y ebrios por los brebajes con los que habrían celebrado la victoria, los hombres de Arminius pusieron fin a la masacre.

Si consideramos que en nuestros días la destrucción de un convoy de 20 mil personas sería considerado una tragedia de proporciones, imaginemos entonces la catastrofe que fue hace dos mil años el sacrificio de la expedición de Varus.


Nunca más el imperium romanun intentaría asentarse a gran escala al otro lado del Rhin.

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